Por Carlos Fernández Llaneza
Cuando transito por el Paseo de los Álamos, casi a diario, no puedo evitar imaginar a Antonio Suárez tumbado en el salón de su domicilio madrileño bocetando el futuro diseño del mosaico sobre papel de estraza durante dos días y dos noches hasta completar los seis cartones de 4 x 9,5 metros, que debían repetirse doce veces cada uno hasta cubrir los setenta y dos rectángulos diseñados por el arquitecto municipal, Florencio Muñiz Uribe. Poco podía imaginar el artista que, años después, su magnífica creación, considerada por Ignacio Álvarez Castelao como «uno de los mayores tesoros de Asturias», se encontraría en el deplorable estado en el que se halla. El jueves pasado, este periódico encabezaba una noticia sobre el paseo con el titular: «Oviedo agilizará la reforma del mosaico de Los Álamos y pagará menos».
Bien. Haciendo un sencillo ejercicio de hemeroteca compruebo que, al menos, en octubre del 23, en noviembre del 24 y el 2 de julio pasado se publicaron noticias en similar sentido. Dados los antecedentes y los reiterados anuncios de proyectos nonatos del señor Cuesta, permítanme que dude. Omite el señor Cuesta que desde enero de 2025 tiene en su poder un informe de la comisión de patrimonio del Principado de Asturias en el que, junto a otras actuaciones para el Campo, le exige «la presentación en el plazo de dos meses desde la notificación de este acuerdo, de un documento técnico suscrito por un técnico competente (restaurador) para eliminar las intervenciones realizadas sin autorización y que menoscaban y perjudican el mosaico. También deben presentar un proyecto que contemple la restauración adecuada». Claridad meridiana. Contestación del señor Cuesta, ninguna. Procede recordar que el Campo es un Jardín Histórico sometido al régimen de protección previsto por la ley de Patrimonio del Principado de Asturias y que, por mucho que el alcalde diga que nadie le puede prohibir hacer en él lo que quiera, sí que puede. Y así, con la ley en la mano, se hace. De ahí que el pasado 3 de junio se incoó de oficio procedimiento de requerimiento por parte de la Consejería de Cultura dado que, tal parece, al señor Alcalde y al señor Cuesta les preocupan poco los avisos de Patrimonio. Tras la noticia del pasa
Levantar el mosaico para intervenirlo adecuadamente sería tratarlo como lo que es: una obra de arte
do jueves (van cuatro) ya no sabemos muy bien cuál es el plan, si es que lo hay, que lo dudo. El señor Cuesta, con su habitual verbo florido, anuncia proyectos, infografías y planes con una envidiable promiscuidad digna de elogio; eso sí, la mayoría no se llevarán a cabo y luego explicará lo que nadie es capaz de entender. Lo anunciado ahora de abordar «vías alternativas» de cara a la intervención en el mosaico de Suárez es, cuanto menos, preocupante. No estamos hablando de un pavimento en una calle cualquiera. Se trata de una obra de arte. La mejor obra de arte urbano de Asturias, en opinión de Ana Gago, experta en la obra de Antonio Suárez. Y como tal ha de ser tratada, con absoluto rigor técnico y máximo respeto patrimonial amén de la exigida sensibilidad artística que, dado algún precedente, es mucho suponer. El proyecto de rehabilitación de 2024 había sido elaborado con criterios técnicos y patrimoniales y contaba con el visto bueno de la Consejería de Cultura. Lo que hoy se nos anuncia parece más un intento de abaratar costes. Cuidado. Levantar el mosaico para intervenirlo adecuadamente es tratarlo como lo que es: una obra de arte. Intervenir in situ, sería tratarlo como un pavimento cualquiera. Una banalización del patrimonio cultural ovetense con el riesgo de que pueda haber afectaciones importantes.
Por tanto, nos encontramos ante una actuación que, necesariamente, además de prioritaria, ha de ser seria, rigurosa, eficaz y debidamente supervisada por Cultura. Cosas que al señor Cuesta no siempre le resultan familiares. Las chapuzas dejémoslas para los alocados personajes del genial Ibáñez que tantos buenos ratos me hicieron pasar: Pepe Gotera y Otilio.
Oviedo merece mucho más. Porque el mosaico de los Álamos es mucho más que un paseo: es una auténtica obra de arte, tan simbólica como esencial, para todos los que amamos Oviedo.

