Por Juan Álvarez

 

El Cristo lleva demasiados años esperando. Pero no han sido años completamente perdidos. Durante este tiempo se había conseguido algo políticamente muy valioso: construir un consenso entre las administraciones, la Universidad y la sociedad civil. Un modelo que apostaba por conectar el ámbito con Buenavista y el Campus Universitario, integrarlo con los barrios colindantes y crear una red de espacios públicos y zonas verdes que mejorase la calidad urbana.

Sin embargo, cuando parecía que empezábamos a salir de la parálisis, el PP quiere volver a poner el contador a cero. Álvaro Queipo propone levantar una Ciudad de la Justicia en los terrenos de la antigua residencia y Alfredo Canteli respalda la iniciativa, presentándola como una solución «más rápida, menos cara y que se haría mucho antes». Tres afirmaciones que necesitan planificación, datos y explicaciones. Aunque quizá sea mucho pedir a quien anunció una ciudad deportiva del Real Oviedo en esos mismos terrenos, con idénticas promesas y sin consultar al club ni a los propietarios. Luego, claro, lo de la ciudad deportiva acabó como acabó.

El problema no es si la Justicia necesita mejores instalaciones. Por supuesto que las necesita. La cuestión es si vamos a ordenar El Cristo con una visión de conjunto o a decidir su futuro a golpe de anuncios.

El antiguo HUCA no es un solar vacío donde colocar edificios según surjan necesidades. Es una oportunidad extraordinaria para regenerar una parte de la ciudad, reforzar nuestra capitalidad universitaria, generar actividad económica y responder a problemas como el acceso a la vivienda. Lo que hagamos allí condicionará Oviedo durante décadas.

La propuesta socialista parte de una idea clara: situar a la Universidad de Oviedo como motor de la transformación. Como ocurrió en El Milán, un antiguo recinto militar aislado y obsoleto puede convertirse en una nueva centralidad urbana, en un barrio compartido por la comunidad universitaria y el vecindario.

El Cristo necesita vivienda asequible y alojamiento para jóvenes, estudiantes e investigadores; comercio y servicios de proximidad; conservación del arbolado de interés y conexión de los espacios verdes mediante itinerarios peatonales y ciclistas. No se trata de levantar un campus aislado ni una Ciudad de la Justicia que pierda actividad los fines de semana, sino de construir un barrio vivo, abierto e integrado.

La clave es conectar dos necesidades: trasladar las facultades de Llamaquique a El Cristo y destinar los edificios universitarios liberados a dependencias judiciales.

La propuesta de Queipo plantea, en cambio, una paradoja: anuncia una gran Ciudad de la Justicia en El Cristo sin aclarar qué ocurrirá en Llamaquique. Genera incertidumbre sobre ambos espacios y abre la puerta a crear un nuevo vacío urbano en pleno centro de Oviedo.

Oviedo necesita instalaciones judiciales adecuadas, pero también una Universidad con capacidad de crecimiento, vivienda asequible, espacios públicos de calidad y nuevas oportunidades económicas.

Después de tantos años de espera, lo responsable es aprovechar el consenso alcanzado y acelerar el planeamiento.

Porque lo verdaderamente caro para Oviedo sería perder otros diez años discutiendo qué hacer con un espacio que ya debería estar construyendo su futuro.