Jorge García Monsalve

En su gran obra Cien años de soledad, Gabriel García Márquez nos descubre Macondo, una ciudad imaginada y utópica donde lo mágico y lo real se entremezclan sin que el lector sepa qué es real y qué es ficticio. Desconozco si la concejala Leticia González es seguidora de este “realismo mágico”. Pero lo cierto es que su descripción de Oviedo como ciudad modelo, dinámica y fiscalmente atractiva se parece más a una ficción que a un análisis riguroso.
Hace unos días, la concejala de Economía presentaba nuestra ciudad con esos calificativos, en un texto más cercano a la publicidad que a un análisis serio. Una formulación que encaja con la estrategia del gobierno municipal, más preocupado por alimentar un relato autocomplaciente que por ofrecer un diagnóstico realista. Pero gobernar exige responsabilidad, y eso implica no ignorar los problemas que también definen la realidad de la ciudad.
Porque junto a los datos que apuntan a un aumento de empresas o a una posición destacada en algunos indicadores económicos, existen otras cifras que ofrecen una imagen más completa y, sin duda, más incómoda para el gobierno de Canteli. Según el INE y un estudio elaborado por el Grupo Municipal Socialista, uno de cada cinco ovetenses vive por debajo del umbral de la pobreza. Un dato que refleja una realidad social preocupante y desmonta la idea de una ciudad plenamente próspera. Esa realidad no se enfrenta con complacencia, sino con políticas públicas eficaces.
Sin embargo, las decisiones adoptadas en los últimos años han ido en dirección contraria, perjudicando directamente a quienes más apoyo necesitan. Resulta especialmente cuestionable que el gobierno de Canteli haya llevado a cabo el año pasado la mayor subida fiscal que se recuerda en la ciudad, mientras se insiste ahora en hablar de una congelación generalizada. La realidad es que en los dos últimos años el IBI ha subido un 7,5%, el agua un 12% y la tasa de basuras un 80%. Y me voy a detener un segundo en esta última subida que la concejala llama ‘tasazo’ de Pedro Sánchez. Lo primero para recordar que el servicio de Recogida de Residuos es municipal, es el gobierno local el que decide cómo se gestiona y qué recursos se le dedican. Para eso hay un concejal de gobierno de Limpieza y Recogida de Residuos.
La nueva Ley de Residuos lo que hace es trasladar un principio ya conocido: ‘el que contamina, paga’. En ese escenario, el equipo de gobierno de Canteli decidió el año pasado trasladar todo el coste del servicio a la ciudadanía. Es más, rechazó las enmiendas de nuestro grupo para que la tarifa de reciclaje, la que pagan quienes separan correctamente sus basuras, subiera tan solo el IPC o para bonificar la tasa al 50% a las familias con menos recursos.
Hicieron lo fácil, no lo justo. A quienes reciclan y no contaminan le subieron la tasa un 80%, eliminando de paso cualquier incentivo para mejorar las paupérrimas cifras de reciclaje de Oviedo.
Porque las tasas y los impuestos financian nuestros servicios públicos y subirlos puede ser legítimo para mejorar su eficiencia o ampliarlos, pero hacerlo sin progresividad, sin medidas compensatorias y sin una estrategia acaba perjudicando, sobre todo, a quienes más apoyo necesitan. A ello se suma la falta de prioridad en los últimos presupuestos municipales hacia políticas sociales que permitan abordar con seriedad la vulnerabilidad que afecta a miles de ovetenses.
Todo ello contrasta con un discurso institucional que se atribuye en exclusiva los avances económicos de la ciudad, señalando como una de sus causas principales la estabilidad política del gobierno local. La mayoría absoluta garantiza estabilidad, pero no asegura ni buena gestión ni sensibilidad social. Lo que sí resulta evidente es que el relato triunfalista omite un aspecto clave: Oviedo se está beneficiando de forma directa de políticas impulsadas por el Gobierno de España. La reforma laboral ha contribuido a mejorar la calidad del empleo, los fondos europeos han permitido financiar inversiones estratégicas, y el turismo ha recuperado cifras históricas gracias a una estrategia nacional de impulso al sector. Ignorar el contexto estatal es una forma de distorsionar la realidad para atribuirse un mérito exclusivo que no se sostiene.
A ese relato de autosuficiencia se suma una confrontación ideológica constante, puro ‘trumpismo’ que trata de ocultar que hay alternativas frente a las subidas fiscales aprobadas por el propio equipo de Canteli. Frente a esta lógica de polarización y propaganda, desde el PSOE de Oviedo defendemos una alternativa centrada en las personas, basada en una fiscalidad justa y progresiva, en servicios públicos fuertes, en una política de vivienda accesible y en una apuesta decidida por la inclusión social. Porque el crecimiento económico, si no se traduce en bienestar real y en una ciudad más justa, es solo una cifra más.
Por eso, le pediría a la señora González que, lejos de imitar a los maestros del “realismo mágico”, deje de fabular con los datos macroeconómicos, abandone el triunfalismo y se centre, de una vez por todas, en afrontar los grandes desafíos que tiene nuestro municipio. Y para ello puede empezar acelerando la ejecución de inversiones de su propio presupuesto, actualmente en un paupérrimo 12%. Oviedo necesita gestión, no literatura.