
Carlos Fernández LLaneza
Había un día en el calendario local en el que la ciudad prescindía de su espíritu urbano y se miraba a sí misma en el espejo del tiempo. Mudábamos el ruido cotidiano por una mirada a la ciudad que fuimos. A esa ciudad de la que el viajero Pérez Nieva, allá por 1895, decía: «No he visto ninguna con más verdes alrededores».
Porque hay otro Oviedo. Pero está en este. Nuestro Oviedo rural también existe. Oviedo celebró, un año más, su feria de La Ascensión. Un homenaje al campo de Oviedo y de Asturias. Un compromiso contra el olvido.
Afirmaba Ortega en 1925 que encontraba, más o menos oculto, en todos los asturianos, un poso rural que perdura. Que bajo los modales de la ciudad continúan latiendo corazones labriegos. Sospecho que así es. Y —añado— a mucha honra.
En 1889, R. Prieto y López-Dóriga, en su libro Siluetas Ovetenses, decía sobre la feria de La Ascensión: «Apenas se columbran los vistosos collares de las mulas, van los aficionados al real de la feria con una constancia digna de mejor causa».
Pero de aquellas importantes ferias de ganado de antaño —La Ascensión, la más relevante; San Mateo y Todos los Santos— ya no queda nada.
Desde que Canteli es alcalde, La Ascensión se ha ido desdibujando poco a poco. Ha ido perdiendo buena parte de su esencia. Bien está que haya un mercado de productos de la tierra, magnífico escaparate en el que ofrecer productos de calidad. Pero, les confieso, hay cosas que me gustan menos. Paseo por la plaza de la Catedral y no sé si estoy en La Ascensión, en San Mateo o en el mercadillo de Navidad. El Campo San Francisco, una vez más, se somete a una presión incompatible con su carácter de Jardín Histórico, olvidando, por cierto, el recinto ferial de La Florida, licitado en 2021 con vocación de acoger, precisamente, la feria de La Ascensión. A día de hoy no ha encontrado un solo uso. Y de la feria de ganado, ni rastro.
Canteli, en una simplificación sublime, mide el éxito de cualquier fiesta en función del número de bolsas. No seré yo quien no quiera ver prosperar el comercio, faltaría más, pero lo que sí ha conseguido es acabar con la singularidad. Sucedió con San Mateo y sucede, cada año un poco más, con el carácter tradicional que tenía para Oviedo La Ascensión. Y cuando en 2025 prometía recuperar la feria de ganado y «hacer algo grande», donde dije digo, digo Diego.
Y hay más: «Es la primera vez en 400 años que no vamos a disfrutar de la feria de ganado de La Ascensión. Queremos recuperar esta fiesta tan importante, que activa el comercio, el turismo, las zonas rurales y, en definitiva, la economía». Esas palabras no son de ningún concejal discrepante con el alcalde. No. Son del señor Canteli el 1 de junio de 2019. Quizá es que contra el gobierno de entonces se vivía mejor. Y en 2024 apostaba por «recuperar y mejorar» la feria de ganado. Una vez más, si te vi, no me acuerdo.
Así pues, no sé cómo andamos de cerezas por Oviedo y de trigo por León, pero de la tradición secular de La Ascensión, con Canteli al frente, vayan despidiéndose.
