MANIFIESTO EN FAVOR DEL CAMPO DE SAN FRANCISCO

El BOPA del 16 de febrero de 2016 publica la resolución de 21 de enero de 2016 según la cual se declara, entre otros, al Campo de San Francisco de Oviedo como Jardín Histórico. La Ley del Patrimonio Cultural define al Jardín Histórico como «el espacio resultante de la ordenación por la intervención humana de elementos naturales, eventualmente complementados con edificaciones o estructuras de arquitectura o de ingeniería».

A nivel internacional, el ICOMOS definió en 1982 al Jardín Histórico como «una composición arquitectónica y vegetal que, desde el punto de vista de la historia del arte, tiene un interés público y, esencialmente, es una composición de arquitectura cuyo material es esencialmente vegetal y, por lo tanto, vivo, perecedero y renovable».

Nuestro Campo, memoria verde, es un lugar capaz como pocos de aglutinar en torno a sí un incuestionable consenso. Trasciende a su valor natural, histórico o cultural y se convierte, por tanto, en un elemento identitario de primer orden. No hay ovetense que no tenga una imagen grabada en su memoria con el Campo como escenario esencial. Sin duda, el Campo fue, es y será un espacio vital. Un símbolo.

El Campo fue testigo y protagonista de los ritmos y costumbres de la propia ciudad.

Para Dolores Medio, el Campo era algo que hoy difícilmente podríamos afirmar: «Un hermoso y extenso parque de una frondosidad exuberante». Juan Antonio Cabezas se refería a él como «jardín bosque justo orgullo de los ovetenses».

Manolo Avello, que fue cronista de la ciudad, escribió: «Los ovetenses aman su Parque-Campo, casi ya jardín, incrustado en el corazón de su pueblo (…) El Campo es uno de los recintos sagrados de la ciudad».

Carmen Ruiz-Tilve lo define como «corazón verde de Oviedo», espacio «bien amado por los ovetenses» que, «antes de ser San Francisco, ya era Campo».

Testimonios que, en resumen, avalan la importancia del Campo en el corazón y en la memoria de los ovetenses. Pero no corramos el riesgo de caer en una mirada retrospectiva nostálgica. Lo importante es que lo que significó durante generaciones pueda seguir significándolo para los ovetenses del mañana. El Campo reclama su pervivencia y es nuestra obligación hacernos altavoz de sus urgencias. Un espacio natural que necesita nuestras voces para garantizar su futuro.

El Campo se está convirtiendo en un recinto ferial en el que cabe todo. Un mal uso que ha devenido en un abuso sistemático. En Navidad, vemos cómo se instalan atracciones de feria, pistas de hielo, espacios hosteleros… En sus árboles centenarios se atan indebidamente cuadros eléctricos. Acceden camiones de gran tonelaje que destrozan alcorques, bordillos o figuras de leones alados con más de un siglo de antigüedad. Lo mismo sucede en Carnaval, San Mateo o, recientemente, en La Ascensión, durante la que se convirtió en un mercadillo de artesanía. Incomprensiblemente sigue en pie el innecesario edificio conocido como el Pavo Real, obstaculizando la vista del magnífico quiosco de la música del gran arquitecto Juan Miguel de La Guardia.

Ni siquiera una tradición secular como la entrega del Bollu el Martes del Campo se podrá celebrar este año allí por ser recinto expositivo de material militar.

Capítulo aparte merece el estado del mosaico de Antonio Suárez del paseo de los Álamos, auténtica obra de arte que se deteriora de día en día irreversiblemente y que Ignacio Álvarez Castelao consideraba como «uno de los mayores tesoros de Asturias» y es para Ana Gago, historiadora del arte y experta en la obra de Suárez, «la mejor obra de arte urbano moderno de Oviedo».

En el verano de 2010, se produjeron multitudinarias y exitosas manifestaciones en contra de la pretensión de la ampliación del aparcamiento de la Escandalera; pues bien, hoy volvemos a esa intención con el riesgo que supone para el Campo.

Estamos obligados a preservar este pulmón de Oviedo. A conservar su patrimonio como merece.

Ante las continuas agresiones y abusos que el Campo, en su conjunto, está sufriendo, los abajo firmantes manifestamos nuestra enérgica protesta por estos abusos y la más firme voluntad de exigir el conservar su más íntima esencia. Reclamamos un plan director que preserve el Campo de futuros abusos y garantice su adecuado uso futuro.

Nos sentimos acreedores del manifiesto que el 16 de febrero de 1897 firmaban, entre otros, Leopoldo Alas, Fermín Canella, Donato Argüelles, Domingo Trelles, Telesforo Doiztúa, Manuel González Orbón, Celestino Prieto, Policarpo Herrero, José González Alegre, Juan Roël, Plácido Álvarez-Buylla, Julio Galán, Nicolás Casielles, Benito Acebal, Juan de Avilés, Benito Estrada, Vicente Mier, Modesto Álvarez Laviada… En el texto, vigente hoy en día, declaraban:

«Los que suscriben, vecinos de esta ciudad, con cédula personal que exhiben, V. E. con la más distinguida consideración exponen: Que el hermoso Campo de San Francisco, encanto de los hijos de Oviedo, sitio predilecto de todo nuestros convecinos y admirado siempre por propios y extraños, es seguramente una necesidad de primer orden para esta población, no solo porque contribuye poderosamente a mejorar sus condiciones higiénicas, sino porque sus paseos, alamedas y jardines, nunca bastante atendidos y mejorados, sirven de solaz y esparcimiento al vecindario en general, cuyas clases todas vienen estimando dicho parque como lo mejor y más necesario de la localidad. Y siendo todo esto evidentísimo, público y notorio, y habiendo causado por tal motivo verdadera extrañeza y general disgusto que el capricho y la especulación pretendan destruir lo que tantos sacrificios y afán ha costado, convirtiendo en propiedad particular terrenos valiosos que, legalmente, solo al público pertenecen y pueden pertenecer, es por lo que acudimos reverentemente á V. E., suplicándole se digne conservar intacto, mejorándole, sí, en cuanto sea posible, el precioso parque de San Francisco».

Hacemos nuestras sus demandas. Que su clamor sea nuestro clamor. Ansiamos que las generaciones futuras de ovetenses sigan paseando «lentamente entre troncos esbeltos y la penumbra húmeda», que diría Clarín.

El 1 de mayo de 1243, Fernán Alonso, canónigo de San Pedro de Teverga, dona a la Orden de los Frailes Menores de Oviedo «una fuente y un prado para que funden allí una casa». Por tanto, 781 años desde su carta de naturaleza nos contemplan. Creciendo a la par que Oviedo.

El Campo es Oviedo.
Que el Campo siga siendo el Campo.

– Carlos Fernández Llaneza
– Carmen Ruiz Tilve Arias
– Tomás Emilio Díaz
– Consuelo Vallina
– Luis Feás Costilla
– Antonio Masip Hidalgo
– Ana Cristina Tolivar Alas
– Carlos Lastra
– Ana Herrero Montero
– José Galán Arias
– Covadonga Bertrand Baschwitz
– Leopoldo Tolivar Alas
– Isabel Ruiz de la Peña
– Ícaro Obeso Muñiz
– Sofía Fernández Peña
– Ricardo Labra
– Jonás Fernández
– Jacobo Blanco
– Carlos Madera González
– Jorge Fernández Bustillo
– Manuel Gutiérrez Claverol
– Felipe Díaz Miranda
– Lorenzo Arias Páramo
– Ángel de la Fuente Martínez
– José Mª Navia-Osorio García-Braga
– Belén Suárez Prieto
– José Ramón Fernández Molina
– Arturo Terán

Firma en favor del Campo San Francisco






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