Por Carlos Fernández Llaneza
Poco a poco se van diluyendo los ecos de San Mateo; en su momento haremos balance. Pero permítanme hoy referirme a una efeméride que pasó desapercibida entre los festejos mateínos: el cumpleaños de ‘La Fuentona’. Me parece justo tener un recuerdo para esta emblemática fuente ovetense; vamos a ello.
A lo largo de estos últimos años he escrito en estas páginas de La Nueva España, en numerosas ocasiones, sobre la construcción y el derribo del acueducto de Los Pilares. Una arcada que desde 1599 sació la sed de los ovetenses. Pero en 1861, el alcalde Ramón Secades, consciente del deterioro del vetusto acueducto ya planteaba elimimarlo por «deficitario e insalubre». Se decide, pues, encargar un nuevo proyecto.
En 1863, las autoridades de Obras Públicas lo encomiendan al ingeniero Pérez de la Sala, quien lo tiene listo en abril de 1864. Su propuesta consistía en captar aguas de los manantiales naranquinos de Fitoria, Boo, Lillo y Ules (Los Pilares las captaban de Fitoria y Boo y aún son visibles en algunos tramos restos de ambas traídas), que serían canalizadas hasta un depósito en El Fresno, desde donde se distribuirían a distintas fuentes de la ciudad. Este proyecto suprimía el trazado de las aguas por el acueducto.
Las obras comenzaron en 1864, año de gran sequía en Oviedo, y se prolongaron durante once años. El plan incluía la instalación de varias fuentes ornamentales. Una de las que aparece en el listado de 1864 es ‘La Fuentona’.
Así llegamos al 21 de septiembre de 1875, en plenas fiestas mateínas. El obispo Benito Sanz y Forés, acompañado por los concejales Ignacio Herrero y Noceda, bendijo con toda solemnidad la nueva traída de aguas. En el Bombé se instaló un improvisado surtidor en el lugar donde debía colocarse la gran fuente. Dos meses después se concluyó la obra y colocó un gran cartel en el que se leía: «Se inauguró solemnemente esta obra y fueron bendecidas las aguas por el Ilmo. Sr. Obispo siendo alcalde don José Longoria Carbajal en 21 de septiembre de 1875».
Sucedió algo que no es novedad por estos lares: como figuraba el nombre del alcalde y no del obispo, y dado que en el momento de la bendición la fuente no estaba terminada, no tardó en aflorar la típica ‘coña’ ovetense: «Esta urna funeral / de las aguas de Fitoria / eterniza la memoria / de Longoria Carbajal / el ser más original / de cuantos el mundo cría / el que tiene la manía / de poner su nombre en todo / y a quien llaman por apodo / el barón de Villafría».
Y dado el tamaño de la fuente, en opinión de numerosos ovetenses, pronto se la empezó a conocer como ‘La Fuentona’. Un pequeño retazo de una historia de la que, el pasado domingo, se cumplieron 150 años sin que el equipo de gobierno diese nota de la efeméride.
Esperemos que si ningún camión de cuarenta toneladas ni ningún alcalde temerario, empeñado en seguir abusando del Campo y convirtiéndolo en recinto ferial para todo, se la lleva por delante, podamos ver cumplir a esta fuente señera en particular, y al Campo en general, muchos, muchísimos años más. Que continúe siendo, como bien lo definió Juan Antonio Cabezas: «Jardín bosque, justo orgullo de los ovetenses».

